Y como no tenían tiempo ni para comer, pues era tanta la gente que iba y venía, Jesús dijo: —Vengan conmigo ustedes solos a un lugar tranquilo y descansen un poco.
Marcos 6:31 (NVI)
Los números de neón del reloj de mi mesita de noche indicaban que era medianoche, aunque para mi mente activa, parecía mediodía. El cansancio invadió mi espíritu mientras el enemigo me acosaba con pensamientos de angustia esa noche.
«Señor, ¿cómo puedo seguir adelante cuando me siento agotada?», pregunté en voz baja. El intentar aprovechar cada oportunidad me había dejado sin descanso.
Querida amiga, ¿te identificas con esa situación en la que intentas hacerlo todo, te sientes cansada y agotada en silencio, pero tienes miedo de perderte algo importante si bajas el ritmo?
A menudo oímos el acrónimo en inglés el FOMO, que significa, “miedo a perderse algo”. Pero ¡qué alivio sería para nuestro espíritu si en cambio adoptáramos otro tipo FOMO… la libertad en perderse algo!
Jesús compartió esta mentalidad liberadora con Sus discípulos en Marcos 6:31: “Y como no tenían tiempo ni para comer, pues era tanta la gente que iba y venía, Jesús dijo: —Vengan conmigo ustedes solos a un lugar tranquilo y descansen un poco”.
Si alguien conocía el valor de estar presente para quienes lo rodeaban, era Jesús, el Hijo de Dios, cuya misión era salvar al mundo. Sin embargo, Jesús no temía que el descanso lo hiciera perder algo; sino que, por el contrario, preservaría Su misión.
Fíjense en esas dos palabras sencillas de Jesús en nuestro versículo clave: “—Vengan conmigo”. Jesús y sus discípulos no carecían de oportunidades para interactuar con quienes los rodeaban, pero Jesús no interactuó sin parar. Invitaba a Sus discípulos a descansar en silencio con Él, preservando así su capacidad para cumplir con su llamado.
En aquella noche de cansancio, el Señor me recordó que la libertad abunda en la calma de Su compañía. Así como Jesús invitó a Sus discípulos a alejarse del bullicio y a encontrar descanso en Él, también nos ofrece esta libertad a nosotras, Sus hijas atesoradas.
Que podamos aquietar nuestras expectativas, respetar nuestras limitaciones, optando con discernimiento y en oración por renunciar a aquellas oportunidades que agotan nuestra capacidad de cumplir la misión de Dios en nuestras vidas. Y en la quietud de nuestro tiempo con Jesús, busquemos Su sabiduría para discernir qué nos corresponde hacer ahora y qué no.
¡No temas, amiga! Podemos confiar en el Guardián de nuestros días. Dios no permitirá que nos perdamos lo mejor que tiene para nosotras por elegir descansar en Él.
¡Ojalá sintiéramos Su invitación a la libertad que hallamos en Él nos perdemos de algo! Cuando cambiamos el ajetreo de la actividad por la quietud de Su presencia, nuestro espíritu es libre para descansar en la paz de Sus planes.
Querido Señor, gracias por ser mi refugio de descanso en un mundo ajetreado. Te ruego que ordenes mis días para Tí. En el Nombre de Jesús, Amén.
Fuente: www.proverbs31.org

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