¿Sabías que puedes tener todo el éxito del mundo y perderlo en un segundo por cometer este único error espiritual? La historia no perdona a quienes olvidan de dónde vienen.
Absalón lo tenía absolutamente todo: linaje real, riqueza, una belleza envidiable y las mejores oportunidades. Sin embargo, cometió la falta más devastadora de su vida: se rebeló con soberbia contra su padre, el rey David, llegándolo a humillar en público y forzándolo a huir entre lágrimas, según nos narra 2 Samuel 15. A pesar de sus calculados esfuerzos por coronarse rey, su insolencia solo lo condujo a una muerte trágica: terminó colgado de un árbol y atravesado por lanzas, perdiendo en un instante su reino, su riqueza y su propia vida.
Lo ocurrido con Absalón es un reflejo exacto del destino de un hijo que insulta, agrede o maltrata a aquellos que le dieron la vida. Existe una ley espiritual inquebrantable: jamás podrás sembrar dolor en tus padres y cosechar bendiciones para tu futuro.
La ruina inevitable: Quien hace sufrir a su padre y a su madre con desprecios o faltas de respeto atrae miseria hacia su propio hogar. Aunque logre acumular bienes o dinero, la prosperidad se le escapará como agua entre las manos.
El mandamiento con promesa: Dios condicionó tu bienestar y longevidad a una sola norma: honrar a tu padre y a tu madre. Si rompes ese principio, cancelas automáticamente toda promesa de abundancia sobre tu camino.
Oremos:
Dios de justicia, limpia mi corazón de cualquier rastro de orgullo y rebeldía. No permitas que termine como Absalón, perdiéndolo todo por causa de la soberbia. Te pido que sanes las heridas que haya provocado en el corazón de mi padre y de mi madre con mis palabras o acciones. Dame la humildad para honrarlos siempre y el privilegio de velar por ellos, para que tus bendiciones fluyan sin obstáculo en mi vida. Amén.
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