Hebreos 12:6-7 (NVI)
Hace varios meses, tuve un berrinche con Dios durante mi viaje matutino al trabajo. No fue nada agradable. Imagina a una mujer de mediana edad gritando, llorando y quejándose sola en su coche.
Mi descarga era el resultado de una situación difÃcil que estaba viviendo. Me parecÃa injusta e imposible de resolver. Como la mayorÃa de las personas en situaciones difÃciles, no querÃa pasar por eso. Asà que decidà hacérselo saber a Dios.
Literalmente grité, «¡Estoy tan frustrada Contigo!». Como si eso fuera a cambiar algo. Nada cambió.
Lo que no me di cuenta en medio de mi frenesà es que las dificultades son a menudo un vehÃculo que Dios utiliza para disciplinar a aquellos a quienes ama, o una forma de refinar y fortalecer nuestra fe. Como dice Hebreos 12:6-7, “...porque el Señor disciplina a los que ama y azota a todo el que recibe como hijo». Lo que soportan es para su disciplina, pues Dios los está tratando como a hijos. Porque, ¿qué hijo hay a quien el padre no disciplina?”.
En griego, la palabra “disciplina” en estos versÃculos proviene de paideia, que también puede significar “entrenamiento”. Dios no solo nos consuela y redime nuestras tribulaciones (2 Corintios 1:3-4), sino que también nos instruye y entrena.
Las pruebas como la pérdida del empleo, una etapa difÃcil en la crianza de los hijos, el cuidado de padres en edad avanzada o incluso la traición, son tipos de dificultades que Dios puede permitir en nuestras vidas. Pero en esas dificultades, Él está cerca. Él pone a prueba nuestra fe, fortalece nuestro carácter y nos enseña lecciones valiosas. Lo hace no por maldad, sino por amor.
Sin embargo, cuando soportamos las dificultades, no lo sentimos como amor. La tentación es sentirnos abandonadas, heridas y no amadas. Pero los versÃculos clave de hoy nos recuerdan que las dificultades pueden, en última instancia, fortalecer nuestra fe de una manera que confirma el amor extravagante y abundante de Dios por nosotras.
No siempre es la comodidad lo que muestra el amor de Dios, a veces son las cosas abrumadoras, incómodas y difÃciles por las que Dios nos permite pasar. Todos estos son lugares donde Su amor nos encuentra. Él se compromete a asegurarse de que crezcamos en un carácter semejante al de Cristo, y nos cultiva incluso a través de la disciplina y las dificultades.
Esto requiere que reformulemos nuestra comprensión del amor de Dios. Su amor no se limita a lo que percibimos como bueno y agradable, sino que también se manifiesta en lo que consideramos dificultades. Él nos ama en medio de nuestras pruebas y a pesar de nuestras rabietas. Este es Su aliento para mà y para ti.
Padre Celestial, ayúdame a recordar que incluso cuando experimento dificultades en la vida, Tú me estás demostrando Tu amor por mÃ. En el Nombre de Jesús, Amén.
Fuente: www.proverbs31.org

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